Reproduzco hoy un segundo artículo de D. Luis Caballero Pozo, dedicado a un breve análisis de unos de los aspectos más desconocidos de nuestra naturaleza: las aves, y en especial una, la oropéndola y su canto. Se publicó en la Revista Lugia en 1988. Si me preguntáis qué música me gusta más, si la música de la naturaleza o si la que hacen algunos hombres privilegiados, estaría en un aprieto. Pero empezaré diciéndoos que según leemos en La Ilíada (lo pongo lejitos) los hombres más antiguos de nuestra civilización tocaron la flauta o también los huesos huecos, las sonajas o, simplemente, los platos, caracolas y otros instrumentos caseros. Y todos éstos y muchísimos más se convirtieron en instrumentos musicales que armasen más o menos ruido. Según parece fue Orfeo el que reglamentó un tanto éstas cosas y utilizó instrumentos apropiados, cantó al son y compás de sus inventos, encantando a los hombres y a los dioses. Pero la invención de la música es mucho más antigua que aquella que tocaban...
Blog personal de José Manuel Marchal Martínez - Reflexiones e Historia de Valdepeñas de Jaén (jose.marchal@gmail.com)